Sinfonía silenciosa
Da igual, estoy cansado. Ni
siquiera los recuerdos me llenan, tengo múltiples memorias, muchas más de las
que logro remembrar y están siempre ahí, ahora completamente inútiles para mí.
He buscado infinidad de lugares, personas, épocas donde establecerme tranquilo,
siquiera por unos segundos. No lo he conseguido. He sido absorbido y vomitado
por el corazón de todas aquellas personas que alguna vez han asegurado
quererme. Me han mentido, o más bien se han engañado. Solo yo me poseo a mí
mismo.
Esta lucha no termina, inclusive
mientras duermo todos mis oscuros pensamientos-aquellos contra los que batallo
día a día para que no abandonen mi interior-tratan de consumirme, fusionados en
una eterna incoherencia, torturante, silenciosa. Despierto y no encuentro a nadie,
nunca hay nadie, presencias más no esencias. No se muestran ante mí, no importa
que me haya despojado de aquella armadura de mentiras que no hacía más que
protegerme de mí mismo, sigo sin alcanzar la redención y ni todas las sonrisas
del mundo pueden calmarme. Vivo inmerso en mi propia fantasía, furioso,
escupiendo halagos sobre aquellos que no tienen la culpa de mi incesante
desgano. Como querer continuar si el motivo para hacerlo me es esquivo,
invisible a mi búsqueda, insensible a mis súplicas.
Soy letal cuando no sonrío. Me
enmaraño en un sinfín de excusas, me generó más y más desilusiones en base a
escombros del pasado, arrastrando una historia previa que nunca me deja en paz
y que he decidido no dejar olvidada. Sonrío y hago sonreír, esparciendo una
felicidad de la cual nunca disfruto, jamás he podido hacerlo. Me he convertido
en versiones diferentes de mi ser, todas almacenadas en un solo recipiente,
agrietado y defectuoso.
No sé cuando toda esta sinfonía
de imperfecciones comenzó a componerse, pero sé que soy yo el único autor y que
la creación de toda mi ruina está inspirada en los proyectos infructuosos de un
infante atormentado. Fui descuidado, ignorado y maltratado. Estoy resignado, la visión de mi futuro es
incierta, con cientos de versiones de aquel destino palpitando en mi cabeza.
Cada punzada dentro de la misma es una decisión incorrecta. Quiero hacer las
cosas bien y no recuerdo por qué, no tengo convicción ¿Cómo nació esa idea en
mi interior? Quizás es lo único para lo que sirvo, mientras el resto pierde su
conciencia y su moral en medio de conocimientos, estatus sociales y
recreaciones momentáneas yo trato de dirigirla, manejarla, mejorarla. No soy
mejor que ellos, estoy perdiendo mi tiempo. Anhelo el final, deseo simbolizar
un ideal antes de largarme de esta maldita esfera agonizante que todos llaman
hogar, y caigo una vez más en la contradicción eterna.
Sigo luchando, desde que empezó
mi vida, desde que empecé este texto. Nunca termina, y no termina porque no
quiero, porque yo comencé con todo esto, dándole vueltas al significado de mi
vida, de mi existencia. Una reflexión que a nadie le importa y no me causa
sorpresa. Pasó cada día esperando una salida, una respuesta, pero mis deseos de
desaparecer son entorpecidos por mi conciencia.
He olvidado cómo encontrar placer
en lo mundano, me siento aturdido, amarrado, sin afecto. Las palabras ya no
dicen nada, se convierten en rezagos de mi amnesia. ¿Será este el límite? Es
despreciable la manera tan sutil en que el universo decide dejarte de lado, sin
mirarte, sin siquiera fingir que le interesas. La existencia intrascendente que
compartimos todos se manifiesta de esta manera. Somos todo dentro de nosotros
mismos y nada más. No me engaño, ya no lloro ni me lamento, sigo jugando, tal
vez me pueda terminar divirtiendo.
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