Recibe, madrugada, el último rezago de mi sinceridad Recibe mis gritos ahogados y mi insomnio Abrázame cuando el ruido cesa y empiezan los latidos Abrázame y recíbeme, madrugada, ahora que todo ya está muerto
Resonamos sincronizados, fundidos en desconfianza Nos abrazamos medio inquietos, huyendo del vacío Te observo cada tarde y busco imperfecciones Atisbo este futuro rendido ante el embargo Me engulle esa calma que satura mis mejillas Posee una triste fortuna sonriente y turbia Sonrío ante el hartazgo de este penoso yugo Impuesto ante el engaño de tu falaz figura De pronto...¡la rebelión!¡La revolución! Los cánticos diáfanos de la victoria Le siguen el estupor, la rabia y la venganza La victoria no les teme porque es eterna ¿Qué miedo se le puede tener a lo perecedero? ¿Qué recuerdo se puede tener de lo inefable?